La verdad no es relativa: por qué importa en cada decisión

Por qué la verdad no es relativa en la toma de decisiones

En todo proceso de toma de decisiones, el manejo de la veracidad de la información se vuelve relevante. Dado el pensamiento crítico y analítico, muchas veces caemos en el error de desvirtuar la verdad mediante el relativismo, generando incertidumbre justo donde hacía falta claridad.

Dos cosas que se confunden

Conviene separar dos afirmaciones muy distintas. Una es «cada persona percibe las cosas desde su experiencia», que es evidentemente cierta. Otra es «por lo tanto no hay nada verdadero», que no se sigue de la primera.

Que el acceso a la verdad sea imperfecto no significa que la verdad no exista. Si así fuera, la propia afirmación del relativista tampoco sería verdadera, y ahí la postura se contradice a sí misma.

Cuatro razones prácticas para no relativizarla

  • Sin verdad no hay error posible, y sin error no hay aprendizaje
  • Sin verdad no hay confianza, porque nadie responde por lo que dijo
  • Sin verdad no hay justicia: no se puede juzgar lo que no se puede establecer
  • Sin verdad no hay decisión informada, solo preferencia disfrazada de análisis

La primera es la que más cuesta ver y la más importante. Quien no admite que puede estar equivocado no tiene forma de mejorar, porque «equivocado» dejó de significar algo.

El costo en la vida cotidiana

En una organización, relativizar la verdad se ve en cosas concretas: cifras que cada área ajusta a su conveniencia, compromisos que después «se entendieron distinto», reuniones que se repiten porque nunca se estableció qué pasó.

El resultado no es más libertad sino más desconfianza, y con desconfianza todo cuesta más tiempo y más dinero.

Relativizar como estrategia

Conviene notar que el relativismo casi nunca se aplica de forma pareja. Quien sostiene que la verdad depende de cada uno rara vez lo sostiene cuando le cobran de más, cuando le informan mal un diagnóstico o cuando alguien tergiversa lo que dijo.

Esa asimetría revela que la posición funciona más como recurso argumentativo que como convicción: se invoca para desactivar una exigencia incómoda, no para vivir. Detectarlo ayuda a no perder tiempo discutiendo en abstracto.

La verdad y la humildad

Se objeta a menudo que afirmar que existe la verdad es arrogante. La experiencia sugiere lo contrario: quien cree que hay algo verdadero independiente de él tiene un criterio por encima de su opinión, y ese criterio puede corregirlo.

Quien sostiene que la verdad depende de cada uno se queda sin nada que pueda contradecirlo. Su parecer se vuelve inapelable, no porque sea sólido sino porque ha eliminado la posibilidad misma del error.

Por eso buscar la verdad y ser humilde no se oponen: se necesitan. Si quieres el panorama de cómo se ha discutido esto, el artículo sobre la verdad en Wikipedia recorre las principales posiciones.

Buscar la verdad como método

Sostener que la verdad existe no es lo mismo que creerse en posesión de ella. Al contrario: solo tiene sentido buscar algo que existe, y esa búsqueda exige humildad, contraste y disposición a cambiar de opinión ante mejor evidencia.

El relativismo, paradójicamente, hace innecesaria esa disciplina: si nada es verdadero, no hay nada que buscar. Trabajo el mismo terreno en Una moral inquebrantable en tiempos difíciles.

Para cerrar

Sostener que la verdad no es relativa no obliga a tener respuestas para todo. Obliga a algo más modesto y más exigente: aceptar que se puede estar equivocado, y por lo tanto que vale la pena seguir mirando. Es una postura que produce conversaciones más difíciles y decisiones mejores, porque introduce la posibilidad de que el otro tenga razón, que es exactamente lo que el relativismo elimina.

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