El amar como manifestación del ser: saber, sentir y hacer

El amar como manifestación del ser: saber, sentir y hacer

Cuando pensamos en qué es amar, generalmente buscamos respuestas dentro de nuestras emociones o sentimientos. Es importante entender que amar es una manifestación del ser, y que este se traduce principalmente en una capacidad de saber, sentir y hacer.

Las tres dimensiones

El hacer es la parte motora: la acción en relación con lo que sabemos, que es lo cognitivo, y con lo que sentimos, que es lo afectivo. Las tres dimensiones no son etapas sucesivas sino partes de una misma cosa.

  • Saber: conocer a la persona, entender qué necesita de verdad
  • Sentir: la disposición afectiva, que es lo que solemos llamar amor
  • Hacer: la acción concreta, que es donde las dos anteriores se verifican

Por qué reducirlo al sentimiento falla

Si amar fuera solo sentir, sería involuntario y por lo tanto no sería responsabilidad de nadie. Nadie podría comprometerse a amar, porque nadie puede comprometerse a sentir algo determinado durante años.

La experiencia común contradice esa reducción. Los vínculos que duran no lo hacen porque el sentimiento se mantenga intacto, sino porque hay un saber que creció y un hacer que se sostuvo también en los tramos en que el sentir estaba bajo.

El saber que el amar requiere

Amar a alguien exige conocerlo, y conocerlo exige tiempo y atención. Es posible sentir mucho por una persona y no saber casi nada de ella, y en ese caso lo que se ama suele ser una idea propia y no la persona real.

Este es el punto donde el amar se vuelve exigente: obliga a mirar a quien está enfrente en lugar de a la imagen que nos hicimos. Y muchas veces lo que se descubre no coincide con lo que esperábamos.

Cuando las tres se desalinean

Lo habitual no es que falte una dimensión sino que vayan por caminos distintos. Alguien que sabe lo que el otro necesita, lo siente, y sin embargo no actúa. O quien actúa mucho sin haberse molestado en saber qué hacía falta.

El segundo caso es especialmente frecuente y difícil de ver desde dentro, porque desde fuera parece generosidad. Pero amar sin saber produce regalos que no sirven, ayudas que estorban y sacrificios que el otro no pidió.

Alinear las tres exige preguntar, y preguntar expone: puede que la respuesta no coincida con lo que queríamos dar. Ahí está el punto donde amar deja de ser cómodo.

El hacer como prueba

El hacer es lo que vuelve verificable todo lo demás. No porque el sentimiento no importe, sino porque es lo único que la otra persona puede percibir: nadie recibe una intención, se reciben actos.

De ahí que amar sea, en su forma más completa, una decisión sostenida y no un estado; el concepto tiene una larga tradición de análisis que puede verse en el artículo sobre el amor. Trabajo este enfoque también en Decisiones para una vida plena, donde el eje es cómo se decide cuando lo que sentimos y lo que sabemos no coinciden.

Para cerrar

Entender el amar como manifestación del ser cambia lo que se le puede exigir a uno mismo. Si fuera solo un sentimiento, no habría nada que hacer cuando falta. Si es saber, sentir y hacer, entonces siempre hay al menos dos dimensiones sobre las que se puede trabajar deliberadamente, incluso en los tramos en que la tercera no acompaña. Eso no es resignación: es lo que hace posible sostener un vínculo en el tiempo.

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